La ignorancia, definida por la Real Academia Española como la "falta de conocimiento, de instrucción o de saber" , no siempre se percibe como una limitación.
En determinados contextos, incluso puede funcionar como un refugio: evita conflictos, reduce tensiones y facilita la aceptación acrítica del entorno. Sin embargo, cuando el conocimiento irrumpe y la conciencia se activa, esa opción deja de ser viable. Para quien ha desarrollado una mirada crítica, optar por no saber deja de ser una alternativa. Optaría por ser ignorante, pero la evolución de mi mente no me lo permite.
Esta dificultad para acomodarse en la pasividad fue advertida por Montesquieu, cuando afirmaba que “el sentido común no es tan común”, una frase presente en mí siempre que intento explicar que produzco la misma miel, aun siendo de otra manera o una abeja negra entre blancas. Pensar con autonomía, analizar con criterio propio y cuestionar lo establecido no es una práctica generalizada, sino una excepción. De ahí que, en muchos contextos, personas con pensamiento crítico —gente como yo(extremadamente crítico)— no sean vistas como un aporte, sino percibidas como una amenaza, no por lo que hacen, sino por lo que piensan y se atreven a decir.
La formación, la experiencia y el contacto constante con la realidad social actúan como catalizadores de una conciencia que ya no se conforma con lo superficial. Una mente que evoluciona aprende a distinguir entre información y manipulación, entre discursos bien construidos y hechos verificables, entre promesas reiteradas y resultados concretos. Ante esta realidad surge una pregunta inevitable: ¿qué consecuencias tiene para una sociedad cuando quienes poseen criterio y formación eligen el silencio por comodidad o prudencia, en lugar de ejercer su responsabilidad crítica?
Esta reflexión conecta directamente con lo planteado por Noam Chomsky en su ensayo "La responsabilidad de los intelectuales" (1967), donde sostiene que quienes tienen acceso al conocimiento y a los espacios de expresión asumen un deber ético ineludible: decir la verdad y cuestionar las narrativas de los poderosos. Desde esta perspectiva, la neutralidad no siempre es inocente, y el silencio del que sabe puede convertirse en una forma de complicidad.
Bajo ese marco, el análisis del funcionamiento institucional adquiere especial relevancia. En el ámbito de la comunicación, por ejemplo, se observan prácticas que limitan la pluralidad informativa, como la priorización sistemática de los medios estatales —televisión y radio públicas— en la cobertura de grandes eventos de carácter Nacional e internacional son atendidas económicamente, mientras los medios privados quedan al margen.
Estas dinámicas revelan que la corrupción no siempre se manifiesta de forma visible o económica. También se expresa en decisiones administrativas opacas, en favoritismos normalizados y en climas laborales desiguales. En muchas entidades, todos realizan el mismo trabajo, pero no todos sonríen de la misma manera ni reciben el mismo trato. Esa diferencia silenciosa termina afectando la motivación, la ética profesional y la credibilidad institucional.
Cuando estas prácticas se normalizan, el pensamiento crítico pierde espacio y la conformidad se impone. ¿Hasta qué punto esta normalización contribuye a consolidar una cultura donde la ignorancia resulta más funcional que el pensamiento? No resulta extraño, entonces, que cuestionar se interprete como desafío, analizar como incomodidad y opinar como riesgo.
Ante este panorama, muchos optan por no saber, no opinar y no involucrarse. La ignorancia deja de ser una carencia para convertirse en una estrategia de adaptación social, no por falta de capacidad, sino por exceso de prudencia. Sin embargo, la evolución de la mente implica asumir incomodidades: convivir con la frustración de comprender problemas complejos y aceptar el aislamiento que a veces acompaña a quien se niega a normalizar lo inaceptable.
Aun así, pensar sigue siendo un acto de dignidad. No es un privilegio elitista, sino una obligación ética. Una sociedad no avanza acumulando silencios, sino fortaleciendo el debate y la reflexión colectiva. Optar por la ignorancia puede resultar tentador, pero cuando la mente ha evolucionado, mirar hacia otro lado deja de ser una opción.
Autor: Mente Millonaria
Sigue Nuestro canal Guinea 24 en WhatsApp.
